martes, 26 de octubre de 2021

Una Noche con Charly García.

 

Tenía nada más que catorce años, mañana de reyes, otro tiempo.

Como regalo recibí lo esperado, el disco de García “Clics Modernos”  y la entrada para ver el concierto que iba a dar Charly esa misma noche en el viejo estadio de Quilmes.

Nunca había asistido a un recital, pero me sabía de memoria el concierto que había dado Charly en Ferro a finales del 82, lo había grabado en directo de la radio. Mi fanatismo por García ya tenía varios años, desde que escuché en la habitación de mi prima un cassete amarillo con grandes éxitos de Sui Generis, todavía recuerdo la conmoción que me generó descubrir esa música a tan temprana edad, pero no se trata de mí, no soy nada original al demostrar la pasión que tengo por García.

La entrada del concierto del 6 de enero de 1984 es la que se ve en la imagen,  ya que mi primo Javier tuvo la delicadeza de conservarla.

Partimos con (creo) dos de mis primos rumbo al estadio, con muchísima antelación, iba a ser un hecho realmente emocionante y no queríamos perder detalle, pero el clima parecía que iba a arruinarlo todo, una típica tormenta tropical se desató minutos antes de ingresar al estadio, obligando a los organizadores a suspender el show, a pesar del fervor que había en los aledaños y que la lluvia había cesado.

No era época de celulares ni de redes sociales, pero finalmente tuvimos la certeza que el concierto se haría al día siguiente, a pesar de eso, un nutrido grupo se quedó aguardando al ídolo sobre la calle Sarmiento,  que es donde se ingresaba a la platea y a los vestuarios del pintoresco estadio.

Cuando estábamos a punto de emprender el regreso a nuestros hogares, a mi primo Gabriel se le ocurrió intentar entrar a la cancha por la esquina de la popular, Gabriel era jugador de inferiores de Quilmes y conocía todos los recovecos de la cancha, así fue que nos dirigimos sigilosamente a la esquina de Solis y Sarmiento, en ese momento estaban descargando las gaseosas, caminamos entre los que estaban desarrollando esta labor y terminamos en la popular desierta, una vez allí notamos que la puerta de acceso al campo de juego estaba abierta, sin dudarlo entramos.

A partir de ese momento todo transcurrió como en un sueño, de la trastienda de los shows en esa época no se conocía nada, y ver a todos los músicos era realmente emocionante, pude ver a un muy jovencito Fito Paez, reconocí a Willy Iturri, ya que lo había visto en el video que realizaron para “No me Dejan Salir”, había una torre de luz encendida y gente que, supongo era del club, la quería apagar, pero los músicos y asistentes querían jugar al futbol, el diferendo se solucionó como se solucionan estas cosas, intervino Daniel Grinbank, que estaba con un pantalón corto celeste de los que se usaban para jugar al tenis y puso unos billetes en manos de los ansiosos dirigentes.

En un momento logré identificar a Fabiana Cantilo, que estaba con una pollera de jean y ojotas hasta que mi primo Marcelo me empezó a tironear de la manga desesperado, estaba parado exactamente al lado de, como dice Samalea, “El Líder Carismático”. A Charly solo lo había visto en fotos o en la TV, pero jamás en vivo, me sorprendió su altura, desconocía este atributo, a partir de allí no nos despegamos más de él, nos metimos en el túnel, entramos a la zona de vestuarios, yo lo recuerdo todo vestido de blanco, pero no sé si los recuerdos me engañan ya que con ese atuendo dio el concierto al día siguiente.

Al caer en la cuestión que estaba a punto de retirarse nos pusimos insoportables, pero en todo momento nos trató con mucho cariño que recuerdo aún hoy, éramos pibes, en su momento uno de mis primos le pidió un autógrafo y, como no tenía papel a mano le ofreció su documento de identidad, cosa que a Charly le produjo mucha gracia y lo comento entre risas con sus asistentes.

Finalmente se retiró entre los gritos de la gente que aún aguardaba su salida y algún que otro contrariado por la postergación del recital.

El sábado, aún incrédulos por lo que habíamos vivido la noche anterior, nuevamente partimos temprano hacia el estadio, al cruzar la vía, a la altura en donde hoy se encuentra el cuartel de bomberos, desde un Ford Falcon negro desvencijado, se asomó Charly a saludar a todos los que íbamos rumbo al concierto.

Ese sábado 7 de enero de 1984 fue la primera vez que vi un recital de Charly, no tengo idea de cuantos vi, en distintas épocas, y diferentes situaciones, pero nunca más volví a hablar con él ni a estar tan cerca como aquella noche, lo que persiste es el amor y la admiración que le tengo. Chau loco, este tema termina en Fade Out.

 

 


viernes, 2 de abril de 2021

Alaska

A Pedro le fascinaba la vida en contacto con la naturaleza, quizás porque en ella encontraba los vestigios de los recuerdos de su padre.

Desde chico se acostumbró a estar solo, hijo único, criado por su madre quien pasaba la mayor parte del tiempo trabajando.

Una noche vió la película “Into de Wild” basada en la vida de Chris McCandless, un joven graduado que vendió sus pertenencias y se fue a vivir a Alaska, y comenzó a soñar con un viaje sin fecha de retorno.

Trabajó durante años, cuando logró acumular los ahorros necesarios para la aventura de su vida puso fin a su vínculo laboral.

Promediando el verano tomo un vuelo rumbo al sur, para recalar en El Bolsón. Solo llevaba consigo un equipo de supervivencia.

Pasó unos días en el Refugio del cerro “Piltriquitrón” contemplando la privilegiada vista que otorgaba el lugar. Volviendo al pueblo pasó por un vivero, cuyos dueños eran un matrimonio que, hastiados del frenesí de Buenos Aires, se habían instalado en el sur.

Conversaron animadamente y lo invitaron a almorzar en la cabaña que estaba en el medio del predio,  pasando un estanque artificial en el que se podían visualizar enormes carpas coloridas, “Son como mascotas” bromeó Mario,  mientras su esposa presurosa preparaba el almuerzo.

 

Pedro compartió con sus nuevos amigos el plan que pensaba llevar a cabo, partir desde el sur para llegar a Machu Picchu. 

-         Quiero perder la noción del tiempo,  quiero sentir, dijo antes de despedirse. 

Mario le ofreció un obsequio.

-         Son Hongos naturales propicios para sentir,  comentó con picardía.

Camino a “Cabeza de Indio”, una reserva que en su mayor parte está cubierta por Cipreses,  Pedro encontró el mejor lugar para acampar.

Pasaron varios días pero no lograba saciar su necesidad de “Sentir” así fue como una noche probó uno de los hongos que le habían obsequiado. Como no percibió efecto alguno los mezclo en un guiso improvisado. Durmió un día entero, pero un malestar estomacal intenso lo perturbó, para peor, el frío otoñal hizo mella en su ánimo al notar que no estaba lo suficientemente pertrechado para hacerle frente a  las bajas temperaturas. Si bien el disparador del viaje había sido la experiencia de Chris McCandless la idea no era terminar como él (*).

Asustado decidió dirigirse al Hospital, se sentía débil, pero no consiguió traslado, la ruta estaba vacía.

- ¿Será feriado?  pensó, 

Encendió el celular y pudo notar que tenía una infinidad de mensajes, era  7 de abril.

Luego de caminar durante horas, llegó al hospital regional, fue atendido por un médico que lo revisó mientras escuchaba el relato sin pausas de Pedro que culpaba a los hongos por su indisposición

-         Doctor,  estoy alucinando, la poca gente que vi se encontraba con barbijos como en una película distópica

-         Pedro, interrumpió el médico,  tengo dos noticias para darte,  la buena es que solo tenés gastroenteritis, la mala es que estamos en pandemia.

 

(*)Murió al ingerir unas semillas tóxicas.