Tenía nada
más que catorce años, mañana de reyes, otro tiempo.
Como regalo
recibí lo esperado, el disco de García “Clics Modernos” y la entrada para ver el concierto que iba a
dar Charly esa misma noche en el viejo estadio de Quilmes.
Nunca había
asistido a un recital, pero me sabía de memoria el concierto que había dado
Charly en Ferro a finales del 82, lo había grabado en directo de la radio. Mi
fanatismo por García ya tenía varios años, desde que escuché en la habitación de
mi prima un cassete amarillo con grandes éxitos de Sui Generis, todavía
recuerdo la conmoción que me generó descubrir esa música a tan temprana edad,
pero no se trata de mí, no soy nada original al demostrar la pasión que tengo
por García.
La entrada
del concierto del 6 de enero de 1984 es la que se ve en la imagen, ya que mi primo Javier tuvo la delicadeza de
conservarla.
Partimos
con (creo) dos de mis primos rumbo al estadio, con muchísima antelación, iba a
ser un hecho realmente emocionante y no queríamos perder detalle, pero el clima
parecía que iba a arruinarlo todo, una típica tormenta tropical se desató
minutos antes de ingresar al estadio, obligando a los organizadores a suspender
el show, a pesar del fervor que había en los aledaños y que la lluvia había
cesado.
No era
época de celulares ni de redes sociales, pero finalmente tuvimos la certeza que
el concierto se haría al día siguiente, a pesar de eso, un nutrido grupo se
quedó aguardando al ídolo sobre la calle Sarmiento, que es donde se ingresaba a la platea y a los
vestuarios del pintoresco estadio.
Cuando estábamos
a punto de emprender el regreso a nuestros hogares, a mi primo Gabriel se le
ocurrió intentar entrar a la cancha por la esquina de la popular, Gabriel era
jugador de inferiores de Quilmes y conocía todos los recovecos de la cancha,
así fue que nos dirigimos sigilosamente a la esquina de Solis y Sarmiento, en
ese momento estaban descargando las gaseosas, caminamos entre los que estaban
desarrollando esta labor y terminamos en la popular desierta, una vez allí
notamos que la puerta de acceso al campo de juego estaba abierta, sin dudarlo
entramos.
A partir de
ese momento todo transcurrió como en un sueño, de la trastienda de los shows en
esa época no se conocía nada, y ver a todos los músicos era realmente
emocionante, pude ver a un muy jovencito Fito Paez, reconocí a Willy Iturri, ya
que lo había visto en el video que realizaron para “No me Dejan Salir”, había
una torre de luz encendida y gente que, supongo era del club, la quería apagar,
pero los músicos y asistentes querían jugar al futbol, el diferendo se
solucionó como se solucionan estas cosas, intervino Daniel Grinbank, que estaba
con un pantalón corto celeste de los que se usaban para jugar al tenis y puso
unos billetes en manos de los ansiosos dirigentes.
En un
momento logré identificar a Fabiana Cantilo, que estaba con una pollera de jean
y ojotas hasta que mi primo Marcelo me empezó a tironear de la manga
desesperado, estaba parado exactamente al lado de, como dice Samalea, “El Líder
Carismático”. A Charly solo lo había visto en fotos o en la TV, pero jamás en
vivo, me sorprendió su altura, desconocía este atributo, a partir de allí no
nos despegamos más de él, nos metimos en el túnel, entramos a la zona de
vestuarios, yo lo recuerdo todo vestido de blanco, pero no sé si los recuerdos
me engañan ya que con ese atuendo dio el concierto al día siguiente.
Al caer en
la cuestión que estaba a punto de retirarse nos pusimos insoportables, pero en
todo momento nos trató con mucho cariño que recuerdo aún hoy, éramos pibes, en su momento uno de
mis primos le pidió un autógrafo y, como no tenía papel a mano le ofreció su
documento de identidad, cosa que a Charly le produjo mucha gracia y lo comento
entre risas con sus asistentes.
Finalmente
se retiró entre los gritos de la gente que aún aguardaba su salida y algún que
otro contrariado por la postergación del recital.
El sábado,
aún incrédulos por lo que habíamos vivido la noche anterior, nuevamente
partimos temprano hacia el estadio, al cruzar la vía, a la altura en donde hoy
se encuentra el cuartel de bomberos, desde un Ford Falcon negro desvencijado,
se asomó Charly a saludar a todos los que íbamos rumbo al concierto.
Ese sábado
7 de enero de 1984 fue la primera vez que vi un recital de Charly, no tengo
idea de cuantos vi, en distintas épocas, y diferentes situaciones, pero nunca más volví a
hablar con él ni a estar tan cerca como aquella noche, lo que persiste es el
amor y la admiración que le tengo. Chau loco, este tema termina en Fade Out.

