A Pedro le fascinaba la vida en contacto con la naturaleza, quizás porque
en ella encontraba los vestigios de los recuerdos de su padre.
Desde chico se acostumbró a estar solo, hijo único, criado por su madre quien
pasaba la mayor parte del tiempo trabajando.
Una noche vió la película “Into de Wild” basada en la vida de Chris
McCandless, un joven graduado que vendió sus pertenencias y se fue a vivir a
Alaska, y comenzó a soñar con un viaje sin fecha de retorno.
Trabajó durante años, cuando logró acumular los ahorros necesarios para
la aventura de su vida puso fin a su vínculo laboral.
Promediando el verano tomo un vuelo rumbo al sur, para recalar en El
Bolsón. Solo llevaba consigo un equipo de supervivencia.
Pasó unos días en el Refugio del cerro “Piltriquitrón” contemplando la
privilegiada vista que otorgaba el lugar. Volviendo al pueblo pasó por un
vivero, cuyos dueños eran un matrimonio que, hastiados del frenesí de Buenos
Aires, se habían instalado en el sur.
Conversaron animadamente y lo invitaron a almorzar en la cabaña que
estaba en el medio del predio, pasando
un estanque artificial en el que se podían visualizar enormes carpas coloridas,
“Son como mascotas” bromeó Mario, mientras su esposa presurosa preparaba el
almuerzo.
Pedro compartió con sus nuevos amigos el plan que pensaba llevar a cabo, partir desde el sur para llegar a Machu Picchu.
- Quiero perder la noción del tiempo, quiero sentir, dijo antes de despedirse.
Mario le
ofreció un obsequio.
-
Son
Hongos naturales propicios para sentir, comentó con picardía.
Camino a
“Cabeza de Indio”, una reserva que en su mayor parte está cubierta por
Cipreses, Pedro encontró el mejor lugar
para acampar.
Pasaron
varios días pero no lograba saciar su necesidad de “Sentir” así fue como una
noche probó uno de los hongos que le habían obsequiado. Como no percibió efecto
alguno los mezclo en un guiso improvisado. Durmió un día entero, pero un
malestar estomacal intenso lo perturbó, para peor, el frío otoñal hizo mella en
su ánimo al notar que no estaba lo suficientemente pertrechado para hacerle
frente a las bajas temperaturas. Si bien
el disparador del viaje había sido la experiencia de Chris McCandless la idea
no era terminar como él (*).
Asustado
decidió dirigirse al Hospital, se sentía débil, pero no consiguió traslado, la
ruta estaba vacía.
- ¿Será feriado? pensó,
Encendió el
celular y pudo notar que tenía una infinidad de mensajes, era 7 de abril.
Luego de
caminar durante horas, llegó al hospital regional, fue atendido por un médico
que lo revisó mientras escuchaba el relato sin pausas de Pedro que culpaba a
los hongos por su indisposición
-
Doctor, estoy alucinando, la poca gente que vi se
encontraba con barbijos como en una película distópica
-
Pedro,
interrumpió el médico, tengo dos noticias
para darte, la buena es que solo tenés
gastroenteritis, la mala es que estamos en pandemia.
(*)Murió al
ingerir unas semillas tóxicas.
