viernes, 23 de diciembre de 2011

Por dos Monedas, Felices Fiestas


Hoy encontre dos pesos. Estaba llenando un volquete, un volquete nacional y popular, y estaban ahí, bamboleándose con el viento. Un día, bien pibe, veníamos caminando con mi papá, había una monedita en el piso, unos 25 centavos de hoy, mi viejo se agacho, los tomó y con una mueca medio triste me dijo “El ahorro es la base de la fortuna”.

No la estábamos pasando bien, la plata no alcanzaba y si bien nunca sentí que nos faltara algo, según mi familia hubo veces que si falto, y hacen referencia a un almuerzo en el cual las milanesas no eran abundantes, y, reitero,  según el relato de mis padres, hice la gran Tota Maradona para que mi hermana comiera, me cuesta creer que hubiese luchado tan poco por una milanesa, pero sinceramente cuando me lo cuentan a ambos se le llenan los ojos de lagrimas así que debe haber sido así.

Era esta época del año, lo de la moneda, no lo de la milanesa, lo recuerdo porque mi hermana aun no había nacido, intento seguir escribiendo pero dejar una milanesa? Se ve que era un chico bueno, hoy como, después pregunto.

Esperábamos con ansias la noche buena, éramos muchos primos y casi todos de la misma edad, lujos, no había, alguna que otra Gaseosa, no muchas, solo en las fiestas y en los cumpleaños aparecían.

Cuesta creer como con el paso del tiempo cambian las prioridades, antes, no veíamos la hora de armar el arbolito navideño, hoy me hablan de armar al arbolito y pienso en llenar de chumbos al tipo que vende dólares en la calle Florida.

Después de cenar, la ansiedad nos mataba para que lleguen las 12, para ver si de una puta vez venia Papa Noel, en eso mirábamos al cielo. Yo tenía un tío, muy autentico, era es y será un autentico pelotudo, me hacía mirar al cielo y me decía con esa voz tan típica de, de los pelotudos, no hay otro adjetivo que lo grafique mejor, “ahí lo vi” y yo confundía un avión una estrella con los trineos y los Renos, y si llegaba a pasar un Satélite de la Guerra Fría ni hablemos, ya veía hasta los Tres Reyes Magos, recuerdo empezar a dudar de la existencia del gordo vestido de Rojo justamente por las insistencia de este tío mío, reconocido por su enorme pelotudez.

Y una noche llego Papa Noel, seguramente pensaran que el exceso de Mantecol limo definitivamente mis neuronas, pero no, llego, y hay fotos que atestiguan el momento.

Familias con mesas mas opulentas que la nuestra, con equipos de Audio “Estéreo”, no tenían la suerte de contar con la presencia de Papa Noel, para nosotros era real, si nuestros tíos lagrimeaban, mi abuela con los ojos llorosos le pidió sacarse una foto, una locura, tenia regalos para todos, si para todos, hasta unos primos que nunca recibían regalos ese día tenían los suyos.

Los vecinos traían a sus chicos para que lo vean, un verdadero suceso, todos preguntaban de donde vino? Y vino caminando desde el fondo de la casa, entre el susto, la emoción nadie pensaba en ese detalle.

Y como vino se fue, nunca lo olvidamos, creo que todos los que estuvimos esa noche jamás la olvidamos, hoy que muchos no están, y muchos que están ya no son lo que eran, me quiero acordar de esa noche, lo felices que fuimos todos esa noche, a veces no hace falta atestarse de comidas y bebidas para pasar una noche inolvidable (la cámara de supermercados chinos me está tocando la puerta).

Les deseo una feliz navidad, y un 2012 sensacional, Besos para todos de parte mía, de mi amada esposa y de mi princesa que está por venir.

Epilogo

El que se disfrazó de Papa Noel fue mi papa, la verdad no lo reconocí ni de casualidad, mi madrina y mi tío compraron los regalos para aquellos que no tenían, un gesto desinteresado de los muchos que han tenido en esta vida. Mi tío Pocho  es un pelotudo.


jueves, 15 de diciembre de 2011

Otro Cuento

En esta oportunidad les dejo un cuento que se denomina el Prologuista. Espero que no se duerman a la mitad, y si lo hacen al menos les sirvió de algo.





Los mitos son difíciles de explicar. Un día aparecen y quedan tallados como verdades irrefutables.
Cuantas veces alguien regaló un elogio para salir del paso y ese elogio fue capturado por algún desprevenido como una verdad absoluta y, de boca en boca, una mera excusa significó el nacimiento de una carrera en algún sentido.
Viene a mi mente como ejemplo esclarecedor las empanadas turcas de mi tía Ana Maria.
Un mito familiar decía que nadie hacía empanadas turcas como mi tía, eran como una suerte de manjar cuya secreta elaboración generaba el misterio y probarlas solo podía compararse con el descubrimiento de la octava maravilla. Sinceramente a mí jamás me gustaron tales empanadas pero, Casi sin proponérmelo sume mi grano de arena al mito.
Alberto Alonso era el nieto de  Severino Alonso, el dueño de una de las primeras Farmacias porteñas, cita en la Calle Mitre al 800.
De infancia acomodada, el niño Alberto frecuentó los mejores colegios y los mejores clubes de la ciudad.
Lamentablemente, a pesar de ser un estudiante promedio, nunca logró destacarse en ninguna rama, salvo en aquel invierno del 88 en donde fue seleccionado por su cuento “El Pájaro quería vivir” para participar del concurso Intercolegial de Literatura.
La obra no llegó a las finales, pero en la familia Alonso se creó un mito…
Los padres de Alberto continuaron la profesión familiar y pretendieron incentivar al a esta altura joven Alberto, pero el Ciclo Básico resultó ser una valla insalvable y comenzó un incesante deambular por cuanta carrera se cruzaba en su camino.
Tras fracasar en cada intento, y ante la preocupación que esto generaba en el seno de su familia, Gladis la madrina de Alberto rememoró aquella “epopeya” de la adolescencia de su ahijado y lo incentivó a la literatura.
Por ser altamente influenciable Alberto creyó ver en su destino errante un futuro prometedor como escritor, se imaginó recibiendo premios y ganando concursos, pero tomó nota que tenía una gran falencia al leer una entrevista que le habían hecho en la revista dominical a Saramago. El NOBEL de literatura era un gran lector, y al mencionar en la nota que escritores lo habían influenciado, cayó en la cuestión que necesitaba empezar a leer en ese mismo momento.
Intentó comenzar con los clásicos pero tanta palabra desconocida hizo mella en su ánimo, a punto estaba de desistir cuando milagrosamente apareció su madre con un folleto que habían arrojado en la Farmacia.
Taller literario decía el papel amarillento a causa de la humedad del local, Alberto lo tomó como una señal inequívoca que ese era su futuro y al otro día a primera hora fue a inscribirse al mismo. 
Y los años pasaron como pasan las cosas que no tienen mucho sentido, dice una hermosa canción, y así fue como Alberto se caso con Mariana, una bella morocha que trabajaba en la farmacia de sus padres, a quien sedujo mas por su posición económica que por alguna virtud notoria.
Mas allá de trabajar en distintos periodos, sobre todo cuando no se quedaba dormido, en la farmacia, Alberto se mostró inclaudicable a la hora de asistir al taller. Allí se hizo muy amigo de Pedro Mugica, un joven escritor que no tardó en publicar sus primeros ensayos en la Editorial independiente El Trébol.
Con el correr del tiempo Pedro fue apreciando cada vez mas a Alberto, a quien consideró un amigo desde el momento en que lo vió desprotegido en un debate acerca de la obra de Borges.
No resultó extraño que Pedro Mugica publicara su primera novela, como muestra de gratitud dejó que su amigo escribiera el Prólogo.
La novela resultó un éxito extraordinario, lo que le valió a Mugica además de múltiples premios, un suculento contrato con Otoño, la principal editorial del momento.
Con Mugica como padrino Alberto intentó publicar alguno de sus cuentos, pero los mismos eran rechazados sistemáticamente, sin embargo prosiguió escribiendo los prólogos de Mugica como así también de los compañeros de aquel Taller Literario.
Los editores notaron con sorpresa que todo libro cuyo prologo era escrito por Alberto Alonso, era un éxito en ventas, así fue como le solicitaron que escriba prólogos para libros de las mas diversas ramas y temas.
Al principio Alberto se sintió humillado ante semejante propuesta, pero con el devenir de los días, y la cada vez mas exigua remuneración recibida en la Farmacia, aceptó.
Sistemáticamente cada libro en el que expresaba su arte (El prólogo) era un verdadero suceso, suceso que duró hasta que empezó a explayarse de manera indebida en su quehacer.
En el libro 20 maneras de Cocinar el Pollo de Estelita Miraflores, escribió un prólogo de 27 hojas en un libro de apenas 45.
Así fue como poco a poco los encargos empezaron a reducirse hasta la nada misma.
Hoy Alberto luce orgulloso una foto con Pedro Mugica y se entretiene escribiendo frases que son expuestas únicamente en la farmacia de Mitre al 800.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Las Pequeñas Cosas

En casa nunca hubo abundancia, mi viejos, que laburaron siempre, pocas veces fueron gratificados de manera justa en función del esfuerzo que realizaron, así pasaron su vida, y, tanto trabajo forzado, hoy les pasa factura, sus cuerpos erosionados los deja noches sin dormir y días dormidos.
Pase hace rato los cuarenta y nunca me puse a pensar en esto de ser padre, capaz que mi inmadurez en algunos temas deviene de este…”No suceso” diría el vicepresidente que permanecerá en el cargo por tan solo unas horas más.
No sé si quien soy ahora repercutirá mañana en vos, que se que me estas mirando de algún lado, escuchando, aprendiendo a aprender, tan viva, tan pura.
Siempre me acuerdo de mi abuela Lía, que en realidad se llamaba Elías, no sé porque le pusieron ese nombre, cosas de los hombres y sus épocas, una gringa santafesina que sufrió los calvarios que sufrían las mujeres a principio del siglo pasado, la última vez que hable con ella lloraba como una criatura, tenía miedo, no quería morirse, recién la habían operado, y había salido bien, pero sabía que ya nada sería como antes y lloraba, cada vez que me acuerdo se me parte el alma, era fuerte, quilombera, peronista hasta la medula, jugábamos a las cartas con mi primo y si a ella le tocaba perder nos decía “El Primero es de los Pelotudos”, puteo al aire, que vida difícil que tuvo.
Mi otra abuela Nació en España, en las islas Canarias, me enseño a hacer barquitos de papel, yo jugaba con ellos mientras mi vieja inventaba que comer, ella fue la primera que murió, yo todavía sigo jugando.
Fui un chico feliz, los sábados mi papá nos llevaba a mí y a mi madre en una vieja Siambretta a la costanera de Hudson, yo tendría 4 o 5 años pero nunca me olvido, mi hermana todavía no había nacido, el camino me parecía angosto y estaba todo arbolado, el viento en la cara, el aroma, todo era nuevo, teníamos poco, pero el corazón parecía estallarme de felicidad, es increíble como esas pequeñas cosas pueden marcar la vida.
Dos mil errores debo cometer por segundo, pero te juro, que aunque mi mensaje sea un granito de arena en un desierto, quiero que puedas sentirte así alguna vez y, sobre todo, quiero dejarte un país mejor.

lunes, 14 de noviembre de 2011

De Cuentos Urbanos para leer en La Sierra

En esta Primera entrada les dejo un cuento que escribí hace bastante tiempo, se llama LLuvia, espero que les agrade.

Prospero Rufino nunca fue muy adepto al trabajo. De joven se ganó la vida ayudando a su padre en la chacra.
Corrían los tiempos de la revolución, la agricultura era escasa. Se reducía a los pequeños terrenos en los alrededores de las ciudades para su abastecimiento. Los cabildos fijaban los precios del cereal, lo que limitaba las ganancias de los labradores y hacia poco atractiva la actividad.
De su padre heredó algunas vacas y el don de predecir el estado del clima. Era continuamente consultado ya que acertaba con asiduidad cuando se  iban a desencadenar  tormentas y cuando iba a haber buen tiempo.
El conocimiento de las variaciones climáticas ha sido siempre de suma importancia para el desarrollo de la agricultura, la navegación, las operaciones militares y la vida en general, y Prospero se servía de ello. Su método era bastante simple,  asociaba los ciclos de crecida del Río de la Plata mientras se guiaba por el aspecto del cielo, tanto de noche como de día, se pasaba horas observando en soledad, muchas veces dormía y no era molestado ya que creían que estaba en pleno proceso de predicción.
Las tertulias eran reuniones que se hacían a la noche, en las casas de los vecinos.
Era una costumbre muy generalizada, y especialmente entre las familias más notables y acomodadas.  Previo a una de ellas, Mercedes, la hija de una familia acomodada fue hasta la humilde morada de Prospero para consultarle por el estado del clima, como gratificación le dio unas monedas, inmediatamente  Prospero cayó en la cuestión que a su pronóstico debería adosarle un poco de teatralización y su rédito sería seguro.
Y así fue, día a día los viajantes, los agricultores, fueron consultándolo a cambio de unas pocas monedas, pero las suficientes para evitar hacer algo que detestaba, trabajar, pero irremediablemente,  cuando los alimentos escaseaban tenía que ir a hacer algo de dinero al puerto.
 En 1824 llegó a Buenos Aires el primer Transatlántico, el Condesa de Chester, en el venía un excéntrico francés que decía llamarse Jean. Su español era perfecto ya que había vivido muchos años en España, y, debido a su desfachatez, no tardó en hacer buenas migas con Prospero.
En virtud del acontecimiento, los Alcántara, una familia de la más alta alcurnia, dio un agasajo al recién llegado Jean, que se presentaba como un acaudalado comerciante, cuando la cena estaba llegando a su fin, una copiosa tormenta se desató sobre la ciudad, Francisco, el dueño de casa, ofreció hospedar a Jean, pero este se negó ya que contaba con un adminiculo que, a pesar de las creencias populares, todavía era un hallazgo en la ciudad, era nada menos que el quita sol, conocido hoy día como paraguas.
En el momento de abrirlo y hacer frente a la lluvia con él, las muchachas quedaron boquiabiertas, las damas de la alta sociedad se imaginaron deambular por las veredas con el quita sol, y Jean, comerciante de ley, olfateo el negocio al instante.
Finalmente Jean se estableció en la ciudad ya que se dedicaba a comerciar granos, tenia compradores en Europa y los negociaba directamente con los agricultores, si bien había canones para realizar esas transacciones, por esos días, los controles eran vulnerados con mucha facilidad, tanto para el ingreso como para el egreso de la mercadería.
Así fue que a bordo del buque de carga denominado Zoe llegó el cargamento que lo iba hacer millonario, un cajón lleno de quita soles. A lo largo de dos meses solo había podido comercializar dos unidades, y si bien su estadía no era mala, la inversión que había realizado lo había dejado casi sin ahorros, para peor, la primavera de 1825 resulto ser de las menos lluviosas, eso sumado al elevado costo que tenía el producto.
Así fue que se acordó de su amigo Prospero, que seguía alternando sus trabajos en el puerto con los pronósticos climáticos.
Le propuso una comisión por cada quita sol vendido a cambio de hacer un viraje en sus pronósticos, así fue que Prospero comenzó a pronosticar tormentas, lluvias intensas y demás, lo cual motivo el incremento de las ventas de los quita soles con el detrimento de la credibilidad de los dotes de Prospero,  por este motivo, Jean le sugirió que los pronósticos debían ser más ambiguos.
Finalmente Jean vendió todos los Quita soles y luego de un par de escaramuzas amatorias decidió buscar nuevos destinos y Prospero sin proponérselo fue pionero en eso de manipular la información con la única finalidad de aumentar su riqueza.