En esta oportunidad les dejo un cuento que se denomina el Prologuista. Espero que no se duerman a la mitad, y si lo hacen al menos les sirvió de algo.
Los mitos son difíciles de explicar. Un día aparecen y quedan tallados como verdades irrefutables.
Cuantas veces alguien regaló un elogio para salir del paso y ese elogio fue capturado por algún desprevenido como una verdad absoluta y, de boca en boca, una mera excusa significó el nacimiento de una carrera en algún sentido.
Viene a mi mente como ejemplo esclarecedor las empanadas turcas de mi tía Ana Maria.
Un mito familiar decía que nadie hacía empanadas turcas como mi tía, eran como una suerte de manjar cuya secreta elaboración generaba el misterio y probarlas solo podía compararse con el descubrimiento de la octava maravilla. Sinceramente a mí jamás me gustaron tales empanadas pero, Casi sin proponérmelo sume mi grano de arena al mito.
Alberto Alonso era el nieto de Severino Alonso, el dueño de una de las primeras Farmacias porteñas, cita en la Calle Mitre al 800.
De infancia acomodada, el niño Alberto frecuentó los mejores colegios y los mejores clubes de la ciudad.
Lamentablemente, a pesar de ser un estudiante promedio, nunca logró destacarse en ninguna rama, salvo en aquel invierno del 88 en donde fue seleccionado por su cuento “El Pájaro quería vivir” para participar del concurso Intercolegial de Literatura.
La obra no llegó a las finales, pero en la familia Alonso se creó un mito…
Los padres de Alberto continuaron la profesión familiar y pretendieron incentivar al a esta altura joven Alberto, pero el Ciclo Básico resultó ser una valla insalvable y comenzó un incesante deambular por cuanta carrera se cruzaba en su camino.
Tras fracasar en cada intento, y ante la preocupación que esto generaba en el seno de su familia, Gladis la madrina de Alberto rememoró aquella “epopeya” de la adolescencia de su ahijado y lo incentivó a la literatura.
Por ser altamente influenciable Alberto creyó ver en su destino errante un futuro prometedor como escritor, se imaginó recibiendo premios y ganando concursos, pero tomó nota que tenía una gran falencia al leer una entrevista que le habían hecho en la revista dominical a Saramago. El NOBEL de literatura era un gran lector, y al mencionar en la nota que escritores lo habían influenciado, cayó en la cuestión que necesitaba empezar a leer en ese mismo momento.
Intentó comenzar con los clásicos pero tanta palabra desconocida hizo mella en su ánimo, a punto estaba de desistir cuando milagrosamente apareció su madre con un folleto que habían arrojado en la Farmacia.
Taller literario decía el papel amarillento a causa de la humedad del local, Alberto lo tomó como una señal inequívoca que ese era su futuro y al otro día a primera hora fue a inscribirse al mismo.
Y los años pasaron como pasan las cosas que no tienen mucho sentido, dice una hermosa canción, y así fue como Alberto se caso con Mariana, una bella morocha que trabajaba en la farmacia de sus padres, a quien sedujo mas por su posición económica que por alguna virtud notoria.
Mas allá de trabajar en distintos periodos, sobre todo cuando no se quedaba dormido, en la farmacia, Alberto se mostró inclaudicable a la hora de asistir al taller. Allí se hizo muy amigo de Pedro Mugica, un joven escritor que no tardó en publicar sus primeros ensayos en la Editorial independiente El Trébol.
Con el correr del tiempo Pedro fue apreciando cada vez mas a Alberto, a quien consideró un amigo desde el momento en que lo vió desprotegido en un debate acerca de la obra de Borges.
No resultó extraño que Pedro Mugica publicara su primera novela, como muestra de gratitud dejó que su amigo escribiera el Prólogo.
La novela resultó un éxito extraordinario, lo que le valió a Mugica además de múltiples premios, un suculento contrato con Otoño, la principal editorial del momento.
Con Mugica como padrino Alberto intentó publicar alguno de sus cuentos, pero los mismos eran rechazados sistemáticamente, sin embargo prosiguió escribiendo los prólogos de Mugica como así también de los compañeros de aquel Taller Literario.
Los editores notaron con sorpresa que todo libro cuyo prologo era escrito por Alberto Alonso, era un éxito en ventas, así fue como le solicitaron que escriba prólogos para libros de las mas diversas ramas y temas.
Al principio Alberto se sintió humillado ante semejante propuesta, pero con el devenir de los días, y la cada vez mas exigua remuneración recibida en la Farmacia , aceptó.
Sistemáticamente cada libro en el que expresaba su arte (El prólogo) era un verdadero suceso, suceso que duró hasta que empezó a explayarse de manera indebida en su quehacer.
En el libro 20 maneras de Cocinar el Pollo de Estelita Miraflores, escribió un prólogo de 27 hojas en un libro de apenas 45.
Así fue como poco a poco los encargos empezaron a reducirse hasta la nada misma.
Hoy Alberto luce orgulloso una foto con Pedro Mugica y se entretiene escribiendo frases que son expuestas únicamente en la farmacia de Mitre al 800.

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