miércoles, 16 de abril de 2014

Un Pibe de Saco y Corbata

El Calor de Diciembre ingresaba de manera cruel por la ventana, el equipo de aire acondicionado dejaba de funcionar por enésima vez, el clima no se soportaba.
Cerca del mediodía llegó a la oficina Rubén Palazzo, quien en los 90 había fundado la empresa MISOFT. El comentario del calor reinante no tardó en llegar por parte de los empleados, pero Rubén, inalterable, hizo oídos sordos al reclamo.
Por la tarde se llevaría a cabo una reunión con un potencial cliente, la asistente del CEO, a modo de sugerencia / reproche le pregunta si no se siente incómodo con el Atuendo, Rubén estaba vestido de manera formal con un oneroso traje, a lo que el ingeniero contestó
-          Sabes que pasa, yo nací con Traje y Corbata.

De carácter irascible, rayando muchas veces la intolerancia, MISOFT renovaba anualmente su personal, rara vez despedían a alguien, en general, la gente se terminaba yendo luego de algún altercado con el CEO de la empresa.
Una vez consumada la partida de algún integrante de la compañía, organizaba una reunión en la que comenzaba con las palabras “Esto se veía venir”.
Un verano renunció todo un sector, sin embargo Rubén permanecía sin inmutarse en su tesitura.
Le gustaba dar las directivas escribiendo en hojas con su Lapicera de oro en la cual tenía grabada sus iniciales.
Una mañana al llegar a la oficina, sin ni siquiera sacarse el saco se detuvo  al costado de uno de los desarrolladores de software y le preguntó
-          Y Vos en que Andas?
Martín, su víctima de turno, le comentó en que labor se encontraba, la conversación giraba en torno a las bondades de la aplicación que Martín estaba diseñando en función de lo solicitado por Rubén hasta que llegaron a un punto que el CEO espetó
-          Esto está mal
Martín se defendió comentándole que realizó lo que le había solicitado oportunamente pero Rubén no entraba en razones
-          Los requerimientos no pueden estar divididos, que me importa si son de insumos o de servicios, dijo levantando el tono de voz, a esta altura en la oficina no volaba ni una mosca. Martín se defendió y le comentó que se lo detalló por escrito a lo que el CEO replicó
-          Jamás te pude haber dicho eso, mostrame la hoja en donde te lo escribí

Preso de los nervios Martín revolvía las hojas pero no lograba dar con la deseada lo que puso más irascible a Rubén.
Tanto buscar, Martín terminó encontrando el papel en donde se veía claramente que los requerimientos estaban divididos, se lo muestra a Rubén y este se queda de pie varios segundos mirando la hoja hasta que lo miró fijo y le dijo
-          Vos no me supiste entender






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