martes, 5 de mayo de 2020

Pasajero Frecuente


La rutina nos hace transitar por senderos conocidos. Tomar casi siempre las mismas calles para dirigirnos al trabajo o realizar rituales similares a la hora de prepararnos para realizar alguna actividad nos otorga un halo de seguridad.
Luego de una jornada laboral agobiante, Damián se dirigía a su antiguo domicilio cuando cayó en la cuestión que hacía pocos días, empujado por el aumento desmedido de los costos de los servicios, se había visto obligado a pedir refugio en la morada de sus padres.
Apuró el paso para llegar cuanto antes a la terminal de Ómnibus de Puerto Madero para intentar  viajar cómodamente desde Buenos Aires a Quilmes, pero su intento resultó infructuoso, la fila para acceder al colectivo era demasiado extensa  y prefirió realizar el trayecto de una hora de pie.
Con casi 33 años solo había tenido un empleo, una Consultora en Desarrollo de Software a la que había ingresado como pasante ni bien egreso de la Universidad Tecnológica Nacional. Propuestas laborales tenía constantemente, pero cada vez que estaba a punto de concretar un cambio, su estado de confort y el temor a un nuevo desafío lo hacían desistir del intento.
Todo era diferente ahora, tener que dejar el departamento había hecho mella en su estado de ánimo, consideraba que era un retroceso volver a vivir con sus padres, de todas formas no todo era negativo, estaba cerca de sus seres queridos, de los amigos de la infancia, se sentía mimado por su madre que le preparaba de cena sus platos favoritos lo suficientemente abundantes como para poder armar una vianda y llevarla al trabajo.
Aprovechando la libertad de ser prácticamente un huésped de honor, a media mañana del sábado caminó las casi tres cuadras que separaban su nueva vieja casa de la de sus tíos, ambos jubilados. Acostumbrados a pasar gran parte del día añorando un pasado lejano la visita de su sobrino los llenaba de gozo.  Se desparramó en un enorme sillón de dos cuerpos en el impoluto living de la inmensa casona mientras les relataba las vicisitudes de su regreso a Quilmes, cuando la conversación iba virando hacia los lógicos achaques de la edad de sus tíos, hábilmente Damián cambiaba de tema para hacerlos hablar de los innumerables viajes realizados en otros tiempos por todo el país y el mundo.  
-          Que hermosa foto esa, ¿es el lago Nahuel Huapi?, preguntó Damián refiriéndose a una foto en la que el matrimonio posa dando la espalda a un lago en un pequeño mirador plagado de turistas
-          No Dami, dijo cariñosamente su tía, ese es el lago Mascardi, te acordas Juan lo que fue esa excursión, le preguntó animadamente a su marido
Entre anécdotas de viaje matizados con comentarios de la actualidad se hizo la hora del almuerzo, la charla se interrumpió por el llamado de su madre confirmando que el almuerzo estaba listo.
-          Volví a la adolescencia, dijo Damián entre risas antes de despedirse.
En la semana pasaba la mayor parte del día fuera de su casa, llegaba cerca de la hora de la cena que compartía gustoso con sus padres, luego se dirigía a su cuarto, en donde sobresalía una inmensa TV, al lado de su cama de una plaza se encontraba un pequeño escritorio con su computadora, los demás electrodomésticos y muebles que decoraban el mono ambiente abandonado se encontraban arrumbados en el galpón. Con el correr de los días, la bronca por su nueva situación fue mermando, novia, no tenía desde hacía ya bastante tiempo, no se encontraba acuciado por la situación económica y los fines de semana veía a su grupo de amigos en Quilmes.
Los días jueves Damián cursaba un posgrado en la universidad y regresaba a su casa cerca de las 23, el viaje de Buenos Aires a Quilmes se le hacía eterno, esta era la única situación que comprometía su estado de ánimo, durante el trayecto se le hacía difícil mirar la pantalla del teléfono celular ya que esta situación le producía vértigo, entonces prefería escuchar música para pasar el momento, pero su principal entretenimiento era observar patrones, rutinas y memorizar quienes subían y bajaban en determinadas paradas.
A pesar de su marcada introversión, Damián había encontrado en las plataformas digitales un buen método para relacionarse con el sexo opuesto, pero nadie ocupaba su atención lo suficiente como para establecer una relación duradera.
Una noche demasiado fría estaba a punto de emprender el retorno a su casa despatarrado en el asiento del colectivo cuando divisó que una chica se aproximaba corriendo, el chofer puso en marcha el ómnibus pero Damián lo alertó de la situación, al subir la joven le agradeció al trabajador quien de manera cómplice dijo mirando por el espejo a Damián
-          Agradecele a él que fue quien te vió.
La chica extendió su agradecimiento y eligió a su gusto un asiento del lado de la ventanilla del colectivo que se encontraba semivacío. Damián se quedó observándola ya que se encontraba a su derecha unos asientos adelante, le resultaba conocida su cara pero no podía develar porque, el enigma se resolvió rápidamente cuando, a punto de llegar a destino, la chica en cuestión se puso de pie y descendió del vehículo solo dos cuadras antes  de la parada de Damián. Mientras el colectivo doblaba hacia la avenida 12 de Octubre, pudo ver como se alejaba caminando por la calle Urquiza en la misma dirección hacia donde se encontraba su casa.
A la mañana siguiente el que corrió para llegar a tomar el ómnibus de las 7 y 10 fue Damián, esta vez el colectivo venía lleno y mientras intentaba hacerse lugar hacia el fondo del mismo pudo notar que la misma chica que había visto solo unas horas antes subía en la parada siguiente, la miró con insistencia pero no logro cruzar la mirada ya que ella solo tenía ojos para su moderno celular, recién notó su presencia cuando  llegaron a la terminal de Puerto Madero en donde esbozó un saludo con una sonrisa que a Damián le gustó demasiado.
En lo sucesivo  compartieron viajes pero la excesiva timidez de Damián, transformó la relación en solo un saludo, ni siquiera conocía el nombre de su compañera de rutina, pero se propuso conocerla para al menos, establecer un dialogo, el problema era que siempre su introversión encontraba alguna excusa para posponerlo “Es mejor hablar con ella un jueves que viene poca gente, capaz que me animo y la acompaño hasta la casa” pensaba, pero cuando por fin se decidía a hacerlo no cruzaban sus caminos, y a la siguiente un vendedor ambulante se interponía en su intento  “Esto me pasa por buscar relaciones a través de aplicaciones” se reprochaba. Algunas noches de jueves apuraba el paso para poder verificar en las bocacalles si llegaba a visualizar donde se detenía, como si esto modificara algo, una vez creyó verla girar a la altura de la casa de sus tío. De todas formas más allá de las coincidencias de horarios, a Damián le resultaba familiar el rostro de su amiga sin nombre, pero esta situación, lejos de convertirse en una obsesión, solo se actualizaba en los extensos viajes, aunque siempre ansiaba verla y lo que más lo alentaba era que no había indicios que la chica estuviese en algún tipo de relación.
Un jueves por la noche luego de amenazar durante todo el día, se desató una enorme tormenta eléctrica, los vidrios del colectivo se encontraban tan empañados que apenas se podía divisar el exterior salvo cuando los relámpagos iluminaban por instantes la noche, el mal clima podría haber sido otra oportunidad para acercarse a su vecina, pero el intenso viento hacía que el ómnibus se bamboleara por la autopista y a esta altura, la única preocupación de los pasajeros era que la intensa lluvia cese al momento de bajarse del vehículo. A la altura de la ciudad de Bernal lo actividad eléctrica persistía en el cielo pero la lluvia había menguado considerablemente, las calles se encontraban anegadas y varias ramas de árboles caídas denotaban el paso del fenómeno por el lugar. Cuando llego el momento de bajar del colectivo, ya no llovía, Damián se dirigía raudamente a su casa aprovechando la tregua que la tormenta le otorgaba pero al cruzar la bocacalle de la avenida San Mauro unos gritos de mujer alteraron su andar, el escenario era tenebroso, viento, relámpagos y una situación de peligro inesperada se interpusieron en su camino, rápidamente Damián alteró su ruta y se dirigió a socorrer a la víctima, al encontrarse con ella cayó en la cuestión que era la chica sin nombre, su compañera de viaje, trató de calmarla pero ninguna palabra lograba el efecto deseado, finalmente la abrazó mientras ella temblaba del miedo, había sido víctima de un intento de robo, como no había manera de serenarla se dio cuenta que estaba a escasos metros de la casa de sus tíos, y se dirigió allí.
Una vez que se encontraron fuera de peligro dentro de la casa, la chica de los viajes por fin tenía nombre, se llamaba Florencia.
Víctima de los nervios, Florencia no paraba de hablar, la situación traumática que había vivido, afortunadamente no le había traído consecuencias, rápidamente se comunicó con su madre para comentarle que estaba demorada, no quería preocuparla. El tío de Damián se ofreció a llevarla a la casa
-          Me acompañas? Le dijo a su sobrino con una mirada pícara
Mientras se dirigían al garaje, Florencia detuvo  su andar en el living y se quedó mirando una foto  
-          Ese es el lago Mascardi, la chica que está con campera roja soy yo.