La rutina nos hace transitar por senderos conocidos. Tomar
casi siempre las mismas calles para dirigirnos al trabajo o realizar rituales
similares a la hora de prepararnos para realizar alguna actividad nos otorga un
halo de seguridad.
Luego de una jornada laboral agobiante, Damián se dirigía a
su antiguo domicilio cuando cayó en la cuestión que hacía pocos días, empujado
por el aumento desmedido de los costos de los servicios, se había visto
obligado a pedir refugio en la morada de sus padres.
Apuró el paso para llegar cuanto antes a la terminal de Ómnibus
de Puerto Madero para intentar viajar cómodamente
desde Buenos Aires a Quilmes, pero su intento resultó infructuoso, la fila para
acceder al colectivo era demasiado extensa y prefirió realizar el trayecto de una hora de
pie.
Con casi 33 años solo había tenido un empleo, una Consultora
en Desarrollo de Software a la que había ingresado como pasante ni bien egreso
de la Universidad Tecnológica Nacional. Propuestas laborales tenía constantemente,
pero cada vez que estaba a punto de concretar un cambio, su estado de confort y
el temor a un nuevo desafío lo hacían desistir del intento.
Todo era diferente ahora, tener que dejar el departamento
había hecho mella en su estado de ánimo, consideraba que era un retroceso
volver a vivir con sus padres, de todas formas no todo era negativo, estaba
cerca de sus seres queridos, de los amigos de la infancia, se sentía mimado por
su madre que le preparaba de cena sus platos favoritos lo suficientemente
abundantes como para poder armar una vianda y llevarla al trabajo.
Aprovechando la libertad de ser prácticamente un huésped de
honor, a media mañana del sábado caminó las casi tres cuadras que separaban su
nueva vieja casa de la de sus tíos, ambos jubilados. Acostumbrados a pasar gran
parte del día añorando un pasado lejano la visita de su sobrino los llenaba de
gozo. Se desparramó en un enorme sillón
de dos cuerpos en el impoluto living de la inmensa casona mientras les relataba
las vicisitudes de su regreso a Quilmes, cuando la conversación iba virando
hacia los lógicos achaques de la edad de sus tíos, hábilmente Damián cambiaba
de tema para hacerlos hablar de los innumerables viajes realizados en otros
tiempos por todo el país y el mundo.
-
Que hermosa foto esa, ¿es el lago Nahuel Huapi?,
preguntó Damián refiriéndose a una foto en la que el matrimonio posa dando la
espalda a un lago en un pequeño mirador plagado de turistas
-
No Dami, dijo cariñosamente su tía, ese es el
lago Mascardi, te acordas Juan lo que fue esa excursión, le preguntó
animadamente a su marido
Entre anécdotas de viaje matizados con comentarios de la actualidad
se hizo la hora del almuerzo, la charla se interrumpió por el llamado de su
madre confirmando que el almuerzo estaba listo.
-
Volví a la adolescencia, dijo Damián entre risas
antes de despedirse.
En la semana pasaba la mayor parte del día fuera de su casa,
llegaba cerca de la hora de la cena que compartía gustoso con sus padres, luego
se dirigía a su cuarto, en donde sobresalía una inmensa TV, al lado de su cama
de una plaza se encontraba un pequeño escritorio con su computadora, los demás
electrodomésticos y muebles que decoraban el mono ambiente abandonado se
encontraban arrumbados en el galpón. Con el correr de los días, la bronca por
su nueva situación fue mermando, novia, no tenía desde hacía ya bastante tiempo,
no se encontraba acuciado por la situación económica y los fines de semana veía
a su grupo de amigos en Quilmes.
Los días jueves Damián cursaba un posgrado en la universidad
y regresaba a su casa cerca de las 23, el viaje de Buenos Aires a Quilmes se le
hacía eterno, esta era la única situación que comprometía su estado de ánimo,
durante el trayecto se le hacía difícil mirar la pantalla del teléfono celular
ya que esta situación le producía vértigo, entonces prefería escuchar música
para pasar el momento, pero su principal entretenimiento era observar patrones,
rutinas y memorizar quienes subían y bajaban en determinadas paradas.
A pesar de su marcada introversión, Damián había encontrado
en las plataformas digitales un buen método para relacionarse con el sexo
opuesto, pero nadie ocupaba su atención lo suficiente como para establecer una
relación duradera.
Una noche demasiado fría estaba a punto de emprender el
retorno a su casa despatarrado en el asiento del colectivo cuando divisó que
una chica se aproximaba corriendo, el chofer puso en marcha el ómnibus pero
Damián lo alertó de la situación, al subir la joven le agradeció al trabajador
quien de manera cómplice dijo mirando por el espejo a Damián
-
Agradecele a él que fue quien te vió.
La chica extendió su agradecimiento y eligió a su gusto un
asiento del lado de la ventanilla del colectivo que se encontraba semivacío.
Damián se quedó observándola ya que se encontraba a su derecha unos asientos
adelante, le resultaba conocida su cara pero no podía develar porque, el enigma
se resolvió rápidamente cuando, a punto de llegar a destino, la chica en
cuestión se puso de pie y descendió del vehículo solo dos cuadras antes de la parada de Damián. Mientras el colectivo
doblaba hacia la avenida 12 de Octubre, pudo ver como se alejaba caminando por
la calle Urquiza en la misma dirección hacia donde se encontraba su casa.
A la mañana siguiente el que corrió para llegar a tomar el
ómnibus de las 7 y 10 fue Damián, esta vez el colectivo venía lleno y mientras
intentaba hacerse lugar hacia el fondo del mismo pudo notar que la misma chica
que había visto solo unas horas antes subía en la parada siguiente, la miró con
insistencia pero no logro cruzar la mirada ya que ella solo tenía ojos para su
moderno celular, recién notó su presencia cuando llegaron a la terminal de Puerto Madero en
donde esbozó un saludo con una sonrisa que a Damián le gustó demasiado.
En lo sucesivo
compartieron viajes pero la excesiva timidez de Damián, transformó la
relación en solo un saludo, ni siquiera conocía el nombre de su compañera de
rutina, pero se propuso conocerla para al menos, establecer un dialogo, el
problema era que siempre su introversión encontraba alguna excusa para
posponerlo “Es mejor hablar con ella un jueves que viene poca gente, capaz que
me animo y la acompaño hasta la casa” pensaba, pero cuando por fin se decidía a
hacerlo no cruzaban sus caminos, y a la siguiente un vendedor ambulante se interponía
en su intento “Esto me pasa por buscar
relaciones a través de aplicaciones” se reprochaba. Algunas noches de jueves
apuraba el paso para poder verificar en las bocacalles si llegaba a visualizar
donde se detenía, como si esto modificara algo, una vez creyó verla girar a la
altura de la casa de sus tío. De todas formas más allá de las coincidencias de
horarios, a Damián le resultaba familiar el rostro de su amiga sin nombre, pero
esta situación, lejos de convertirse en una obsesión, solo se actualizaba en
los extensos viajes, aunque siempre ansiaba verla y lo que más lo alentaba era
que no había indicios que la chica estuviese en algún tipo de relación.
Un jueves por la noche luego de amenazar durante todo el
día, se desató una enorme tormenta eléctrica, los vidrios del colectivo se
encontraban tan empañados que apenas se podía divisar el exterior salvo cuando
los relámpagos iluminaban por instantes la noche, el mal clima podría haber
sido otra oportunidad para acercarse a su vecina, pero el intenso viento hacía
que el ómnibus se bamboleara por la autopista y a esta altura, la única
preocupación de los pasajeros era que la intensa lluvia cese al momento de
bajarse del vehículo. A la altura de la ciudad de Bernal lo actividad eléctrica
persistía en el cielo pero la lluvia había menguado considerablemente, las
calles se encontraban anegadas y varias ramas de árboles caídas denotaban el
paso del fenómeno por el lugar. Cuando llego el momento de bajar del colectivo,
ya no llovía, Damián se dirigía raudamente a su casa aprovechando la tregua que
la tormenta le otorgaba pero al cruzar la bocacalle de la avenida San Mauro
unos gritos de mujer alteraron su andar, el escenario era tenebroso, viento,
relámpagos y una situación de peligro inesperada se interpusieron en su camino,
rápidamente Damián alteró su ruta y se dirigió a socorrer a la víctima, al
encontrarse con ella cayó en la cuestión que era la chica sin nombre, su
compañera de viaje, trató de calmarla pero ninguna palabra lograba el efecto
deseado, finalmente la abrazó mientras ella temblaba del miedo, había sido
víctima de un intento de robo, como no había manera de serenarla se dio cuenta
que estaba a escasos metros de la casa de sus tíos, y se dirigió allí.
Una vez que se encontraron fuera de peligro dentro de la
casa, la chica de los viajes por fin tenía nombre, se llamaba Florencia.
Víctima de los nervios, Florencia no paraba de hablar, la
situación traumática que había vivido, afortunadamente no le había traído
consecuencias, rápidamente se comunicó con su madre para comentarle que estaba
demorada, no quería preocuparla. El tío de Damián se ofreció a llevarla a la
casa
-
Me acompañas? Le dijo a su sobrino con una
mirada pícara
Mientras se dirigían al garaje, Florencia detuvo su andar en el living y se quedó mirando una
foto
-
Ese es el lago Mascardi, la chica que está con
campera roja soy yo.

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