viernes, 30 de diciembre de 2016

Dos Cero Uno Seis

 2.
Sensaciones retro. Quince años pasaron y me siento parecido, no igual, parecido. El país, mi país otra vez en pendiente, que pasó, quien fue, ya da lo mismo, la verdad licuada y procesada por los medios nos alimenta.
Se termina el año, y con él empiezan a concluir sucesos, sinuosos, únicos, inmensos. Ya nada será igual, cicatriz.
0.
Promediaban los 80 y experimentaba plenitud, comenzaba el receso veraniego y varios escapamos de la esquina para ir a la ciudad. La urbe y su fulgor, apuro, ansiedad muchedumbre, terminaba la jornada laboral del año que cerraba, caminábamos sin destino fijo y de pronto comenzamos a ver papeles que caían como un torrente de agua desde las ventanas de las oficinas, jugueteando con el viento, hasta caer en las amplias veredas en donde oficinistas se empujaban para subir a cualquier medio de transporte que los saque de aquel lugar.
Permanecí inalterable, obnubilado presenciando aquel espectáculo, parecía un nene viendo su primer juguete, y aunque estaba mucho más cerca de la infancia que de la adultez, la extrema fascinación experimentada hizo que me avergonzara frente a mis amigos.
1.
Un par de años transcurrieron y ya era uno de esos oficinistas, pero en lugar de escapar disfrutaba ese momento del año, me extasiaba ver esa alegría efímera del fin de ciclo, el lunes todo volvía a ser igual, lo sabíamos pero no importaba, a veces estirábamos aquel momento en algún bar haciendo enojar a nuestras seres cercanos por demorar el regreso al hogar, pasaban los años y las sensaciones eran las mismas. Hasta que llegó el 2001.
6.
Pasaron 15 años y me siento parecido, algunos huirán de la ciudad pretendiendo escaparse de su destino escrito, otros brindaran reunidos en un bar mientras en alguna esquina de la ciudad, un pibe observará con asombro el espectáculo de los papeles danzando con el viento.



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