2.
Sensaciones retro. Quince años pasaron y me siento parecido,
no igual, parecido. El país, mi país otra vez en pendiente, que pasó, quien fue,
ya da lo mismo, la verdad licuada y procesada por los medios nos alimenta.
Se termina el año, y con él empiezan a concluir sucesos,
sinuosos, únicos, inmensos. Ya nada será igual, cicatriz.
0.
Promediaban los 80 y experimentaba plenitud, comenzaba el
receso veraniego y varios escapamos de la esquina para ir a la ciudad. La urbe
y su fulgor, apuro, ansiedad muchedumbre, terminaba la jornada laboral del año
que cerraba, caminábamos sin destino fijo y de pronto comenzamos a ver papeles
que caían como un torrente de agua desde las ventanas de las oficinas, jugueteando
con el viento, hasta caer en las amplias veredas en donde oficinistas se
empujaban para subir a cualquier medio de transporte que los saque de aquel
lugar.
Permanecí inalterable, obnubilado presenciando aquel
espectáculo, parecía un nene viendo su primer juguete, y aunque estaba mucho más
cerca de la infancia que de la adultez, la extrema fascinación experimentada
hizo que me avergonzara frente a mis amigos.
1.
Un par de años transcurrieron y ya era uno de esos
oficinistas, pero en lugar de escapar disfrutaba ese momento del año, me
extasiaba ver esa alegría efímera del fin de ciclo, el lunes todo volvía a ser
igual, lo sabíamos pero no importaba, a veces estirábamos aquel momento en
algún bar haciendo enojar a nuestras seres cercanos por demorar el regreso al
hogar, pasaban los años y las sensaciones eran las mismas. Hasta que llegó el
2001.
6.
Pasaron 15 años y me siento parecido, algunos huirán de la
ciudad pretendiendo escaparse de su destino escrito, otros brindaran reunidos
en un bar mientras en alguna esquina de la ciudad, un pibe observará con
asombro el espectáculo de los papeles danzando con el viento.

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