Febrero en Buenos Aires, humedad, sopor, el año
empezaba a despertarse luego del descanso de Enero, era lunes, los restaurantes
y casas de comida comenzaban a abarrotarse de gente en busca de su almuerzo.
En uno de los bares, en una mesa con
varios participantes se hablaba de lo que suele hablarse cada día posterior al
fin de semana, la fecha del torneo de Futbol Argentino, el blanco de todos los
comentarios y bromas era Ramiro, quien compartía el almuerzo con varios de sus
colegas y compañeros de trabajo.
Poco se conocía de Ramiro, era
abogado y trabajaba en la casa matriz de un banco Estatal, reservado, de pocas
palabras pero lengua filosa a la hora de emitir sonido, todos lo identificaban
como “El Cervecero”, rara vez se involucraba en discusiones políticas ni en
internas laborales, pero si alguien osaba hacer algún comentario socarrón sobre
su amado club, su compostura se extraviaba.
Ese lunes, Ramiro, no la estaba
pasando para nada bien, Quilmes había sido derrotado el día anterior de una
manera casi increíble contra Boca Juniors, justamente uno de los clubes grandes
de la Argentina cuyos simpatizantes eran mayoría en la mesa que compartían día
a día el ritual del almuerzo. Tras ir ganando 2 a 0 en menos de 10 minutos de
juego Boca logró empatar el partido en el segundo tiempo, pero a poco del final
el Cervecero había tenido una chance inmejorable de ponerse en ventaja al tener
un penal a su favor, pero la historia tenía reservado otro cachetazo para los
fieles cerveceros, tras errar el penal,
Boca logró el tercer tanto que le permitió llevarse la victoria en los últimos
minutos de juego en un partido que desde el trámite le había resultado
claramente desfavorable.
-
De
verdad creían que podían ganar? , le preguntaba en sorna uno de los comensales
fanático del club de la Rivera
-
No
hay caso, son un equipo chico, la Primera División les queda grande, decía otro
mientras Ramiro reía amargamente y tragaba saliva para no contestar
Un simpatizante de San Lorenzo,
sumándose a las bromas le pregunto
-
Pero
como podes ser hincha de Quilmes? Mirá que tenes clubes para elegir y sos
simpatizante de un equipo que pierde casi siempre?
Esta última pregunta tocó las fibras
más íntimas de Ramiro quien sin pensarlo desató un monologo irrefrenable.
-
Me
preguntas como puedo ser lo que soy, soy hincha de Quilmes porque soy Ramiro,
ser de Quilmes es recordar Guido y Sarmiento (la esquina de la vieja cancha del
Cervecero), es recordar a mi viejo, nunca les hablé de él, mi viejo era marinero, se pasaba meses
navegando y siempre me pedía que le cuente los partidos de Su Amado Cervecero
en las cartas que me enviaba, y yo, como una suerte de reportero, le pasaba la
crónica de los partidos que veía desde los tablones de la vieja cancha, ser
hincha de Quilmes en los 80 fue complicado con el equipo deambulando por el
ascenso, saben los esfuerzos que hacía para tratar de dibujarle una sonrisa
cuando el presente futbolístico del club era lamentable?. Muchas veces
estábamos peleados, sin hablarnos meses y saben cómo nos reconciliábamos?. Uno
de los dos le decía al otro, “Vamos a ver a Quilmes” y ahí volvíamos a ser
padre e hijo, hablando del “Rulo” Lorea de Víctor Martínez o del gran “Indio” Gómez,
cuando nos mudamos de cancha, siento que se empezó a morir de a poco, no son
muchas las veces que fuimos al Centenario, le costaba caminar, le costaba subir
las escaleras, me preguntas como puedo ser de Quilmes?, tengo Rosario tallado
en el corazón, pocas veces fui tan feliz como aquella tarde de finales de
Octubre en la que era un nene, en los brazos de mi viejo lloramos juntos, justo
mi viejo, que no pudo llorar ni cuando murió mi abuela.
Sus ojos se humedecieron y un
silencio sepulcral invadió el bar, hasta que, desde una mesa lindera en la que
tres muchachones compartían la comida empezaron a aplaudir rabiosamente,
contagiando a las demás mesas transformando aquel bar en un final de película
estadounidense en donde la ovación invade la escena.
Cuando el bar volvió a la
normalidad, el bullicio y los bocinazos volvieron a dominar la ambientación
sonora del lugar, mientras juntaban el dinero para pagar el almuerzo un hombre
alto, de mirada familiar, se acercó a Ramiro y lo saludó afectuosamente
comentándole que se había emocionado con sus dichos, cuando comenzaba a
retirarse volvió sobre sus pasos y le dio un cuaderno con Tapa Azul
-
Gracias,
le dijo y se fue.
Al llegar a su oficina, Ramiro abrió
el cuaderno que el hombre del bar le había dado y descubrió que en el solo
había hojas vacías, Marcelo, uno de los compañeros de trabajo que había
presenciado la escena preguntó curioso de que se trataba el regalo y Ramiro se
lo mostró, tras inspeccionarlo, dijo
-
19
Hojas tiene, lástima que al torneo le quedan 18 sino lo podrías usar como
cábala
-
A
Quilmes le quedan 19 partidos, debemos uno contra Tigre del año pasado,
respondió entusiasmado Ramiro, definitivamente lo iba a utilizar como cábala.
Previo al partido con Tigre, no
sabía muy bien cómo utilizar al cuaderno, entonces primó la racionalidad y se dijo
a sí mismo “Que tendrá que ver este cuaderno” y lo dejó en la biblioteca, pero
luego de la primera victoria del cervecero en el Campeonato ante un rival
directo como All boys en la lucha por la permanencia en la categoría, encontró
la forma de utilizarlo, recordó cuando le enviaba las cartas al padre
contándole los partidos que había visto y empezó a hacer lo mismo en el
cuaderno, como una manera de volver a conectarse con el recuerdo de su padre.
Los resultados favorables comenzaron
a sucederse y Ramiro no veía la hora de llegar a su casa y escribir el
comentario, esto lo gratificaba doblemente, mientras escribía pensaba en la
cara que pondría su padre al leer sus notas y por ese momento efímero volvía a
tenerlo con vida, ante cada victoria del Cervecero el primer impulso que tenía
era el de llamarlo para compartir la alegría del ocasional triunfo, como si
hubiese muerto el hombre pero no el hincha.
Nunca las cosas son fáciles para el
club Quilmes y los resultados negativos no tardaron en llegar, en la medida que
fueron sucediéndose el interés de Ramiro por reflejarlo en papel fue
disminuyendo hasta que un empate de local contra Godoy Cruz de Mendoza dejo
al borde del descenso.
Para poder conservar la categoría,
El Cervecero necesitaba ganar en Victoria ante Tigre y esperar una combinación
de resultados que involucraban a tres equipos.
La crisis de los 40 años a Ramiro se
le había adelantado dos años, cada noche era un calvario a la hora de dormir, el
insomnio no cesaba en sus visitas, una de las formas de combatirlo era
recordar, pero al hacerlo se le mezclaban sentimientos agridulces, hasta que
comenzaba con su entretenimiento mental favorito, recordar rachas felices de su
amado equipo lo ayudaban a conciliar el sueño, a veces mezclaba partidos o le
costaba recordar los rivales, aquellos 5 partidos ganados en fila en la
temporada 2003 2004, aquel ascenso del 91, comparar esas alegrías con estos
tiempos aciagos muchas veces conspiraba contra su mayor deseo, poder dormir,
pero ese domingo nada parecía surtir
efecto, encendió la televisión y la apago tantas veces que temió quedarse sin
baterías en el control remoto, el sonido de una fiesta cercana lo desvelaba aún
más hasta que se dirigió a la biblioteca a buscar algo para leer, al llegar a
ella vio el cuaderno azul, lo llevó hasta su cama y comenzó a leer las notas
que había tomado de cada partido, las hojas estaban casi todas completas,
faltaba alguna que otra derrota, entonces pensó en completar las crónicas que
faltaban para ver si de esta forma se lograba el milagro deportivo, empezó describir la derrota contra River, mientras
contaba una de las ultimas situaciones de gol que tuvo Quilmes pensó “Que
lástima que dio en el palo” para su sorpresa notó que la somnolencia comenzaba
a arrullarlo y en lugar de escribir que la pelota “No quiso entrar” , casi sin
pensarlo escribió gol.
Despertó muy tarde aquel domingo,
luego de visitar a su madre por la tarde, regresó a su casa para prepararse
para otra semana de trabajo, no quería ver nada relacionado con el futbol,
mientras hojeaba el diario, en la sección deportes hubo un dato que lo alteró,
en la tabla de posiciones vio como Quilmes tenía 1 punto más.
-
Debe
ser un Error, se dijo a sí mismo.
Rápidamente se dirigió a la
computadora y constató lo que afirmaba el diario, entre alegre y confundido
hizo un repaso mental del puntaje de su amado club y tenía 24 puntos, sin
embargo aparecía con un punto más, al ir a las estadísticas llegó la sorpresa
mayor, la derrota con River ya no era derrota sino empate.
En los días sucesivos trató de
olvidar el tema y fue asumiendo que todo fue una confusión originada por la
falta de sueño, los insomnios eran recurrentes, pero cuando recordaba los
hechos el tiro había pegado en el palo y Quilmes había sido derrotado.
La noche previa al duelo que
definiría la suerte del elenco del sur del Gran Buenos Aires visitando a Tigre,
Ramiro se despertó sobresaltado, conocía perfectamente lo que ocurriría de ahí
en más, su fiel acompañante el insomnio se instalaría en la gélida noche de junio. Su mente comenzó a viajar y los recuerdos se
abrían como ventanas de en una computadora, pero evitaba pensar sobre el empate
con River hasta que, harto de evitar el tema, fue a buscar el cuaderno, leyó
una y otra vez la crónica de aquel partido, en plena conciencia de haber
modificado el final de lo que creía que había sucedido.
A pesar de eso, Quilmes seguía
dependiendo de un milagro para salvarse del descenso, un milagro como el que
había ocurrido aquella noche en la que escribió algo que no había sucedido.
-
Y
si realmente modifiqué el resultado? Pensó, Porque no escribí una victoria
histórica?
Comenzó a avanzar en el cuaderno y
notó que tampoco había registrado la derrota contra Colon en Santa Fe, y, tras
unos instantes de duda, comenzó a escribir mientras afirmaba “Esta vez lo voy a
hacer bien”. En su Relato escribió dos goles de su ídolo Miguel Caneo y uno de
otro jugador muy querido por él, Martín Cauteruccio.
Escribió el gol de Tiro Libre más
hermoso que se haya visto alguna vez, una caricia del botín derecho de Caneo a la pelota que besó el ángulo
derecho del arquero de Colón, relató cómo tras ser reemplazado, este verdadero
crack con la 10 en la espalda era ovacionado por la parcialidad local por el
talento demostrado dentro del verde césped. Recién ahí, luego de narrar lo
imaginado, pudo descansar.
La luz del sábado lo despertó y
saltó de la cama, encendió la computadora, esos segundos que demoró la acción
le parecieron horas, accedió a la web de su amado Quilmes y el Título decía “El
Cervecero Salvado del Descenso Cierra el Campeonato en Tigre”.
Confundido y emocionado buscó el
Cuaderno, al abrirlo ya no había hojas, estaban todas las cartas que le envió a
su padre cuando este navegaba.
Fin.

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